La madera, esa materia viva, habla... A su modo. Sólo hay que saber escucharla. La madera vibra y dice: "aquí sonarán mejor sonidos graves..."; "aquí, agudos..."; "Aquí durará más su voz"...
Cada madera es única por el árbol que fue en vida, por el tipo de secado, el tipo de corte y los minerales en ella impregnados.
Unas décimas de milímetros tan sólo cambian el timbre de un instrumento. El luthier debe actuar como intérprete entre él y la música que debe sonar. Por ello debe tocar medianamente bien aquello que elabora... para entender qué cualidad debe extraer de la madera.
• Carlos, con la guitarra Madre del Monte, que pronto escucharemos aquí
• Primer plano del tallado: Madre del Monte y su rostro aborigen cantando
• El Luthier, escuchando y sintiendo vibrar su obra
Durante el proceso de construcción de un instrumento (sea cual sea al que en esos momentos hemos de administrarle paciencia, ilusión y cariño), cuido cada detalle para lograr que ese instrumento posea un significado, una intención, un propósito y una identidad... Esto es muy importante. Que en su recién estrenada existencia, que continuará en breve por otros derroteros, lo lleve la vida por donde lo lleve, sea él mismo, genuino, auténtico.
Confieso haber tenido siempre un sentimiento especial por cada instrumento que he construido (y ya son muchos...), una alegría al entregarlo... y una sensación de vacío luego de que cruzara la puerta. Más o menos, imagino, lo que sucede cuando nuestros hijos deciden vivir su propia vida (aunque aún faltan unos pocos años para que yo viva esa experiencia...).
Ésa es la razón principal por la que no puedo hacer más de un instrumento a la vez. Como mucho, dos. Con más de dos, es imposible lograr esa identidad que a cada uno de ellos, por derecho propio, les corresponde. Más de dos serían también demasiados para decirles adiós a un tiempo... Tal, la dedicación y el amor por los instrumentos que salen de la madera y nuestro sudor en 'Luthería América en Cuerdas'.
Bitácora de un luthier. Sonidos profundos de madera y tiempo... Exposición y venta de instrumentos musicales de cuerda americanos. Dirección de contacto: arteylutheria@gmail.com
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8 de julio de 2010
2 de julio de 2010
Un día en el taller
No falla. En mis diez años de luthería, la pregunta que con mayor frecuencia surge a la hora de responsabilizarme de la construcción de un instrumento de cuerdas americano —interrogante con rostro feliz, eso sí, ante la posibilidad de una respuesta afirmativa— es ésta: "¿Puedo ver el taller...?".
Para quienes lo habitamos cotidianamente, ese lugar polvoriento y sembrado de viruta tiene una familiaridad cálida y sencilla, pero para los músicos que desarrollan una particular relación de afecto con su instrumento, es un recinto impregnado de cierta magia y misterio... Casi diría que revestido de un halo sagrado: el lugar de nacimiento de un ser íntimo y querido.
Mi respuesta ante la solicitud de visitar el taller suele ser siempre la misma: "¡Por supuesto que sí!...". "Pero mire que somos trabajadores humildes...". Añado este comentario pensando en los talleres que he podido apreciar en algunos programas de televisión, artículos de revistas, páginas web... Con herramientas por estrenar, sin virutas, con sillones amplios para descansar o recibir visitas... ¿Y ahí se trabaja? No puedo evitar hacerme esta pregunta...
Mi taller, en cambio, es mi hogar, y su geografía cambia caprichosa y constantemente bajo el polvillo que inunda cada habitación, cual dunas en el desierto del Sahara...
No importa... Para quien lo visita, es el mejor lugar del mundo...
Es por eso que hoy abro las puertas de mi taller para ustedes. 'Luthería América en Cuerdas' no es sólo el nombre de la bitácora de un luthier. De veras que existe...;-) ¡Bienvenidos, amigos!
El morocho que ven en la foto es Carlos Bordón, mi compañero en el taller, la música y la vida. Aquí pasamos todas nuestras mañanas y no pocas tardes...; incluso noches, cuando los plazos de entrega apremian. Carlos realiza los trabajos de preparación del material.
- El Luthier, al fondo, trabajando con gubia en charango
- Viruta a viruta... Vaciado de charango, un minucioso proceso
- Tallado de cuerpo de charango, con' Spauser'
- Guitarra, practicamente terminada, banco de trabajo y herramientas
- Por encargo y en una sola pieza. Una guitarra pronta a continuar su camino de vida
Cuando llega ese ansiado momento final, la emoción casi no nos deja dormir... Se pule esto, se rebaja aquello, se cambian materiales... El instrumento ¡ya vive!...
Luego se le mima por fuera: se lustra, se pule... Y la guitarra, o el charango, se va a vivir lo que debe, a seguir su camino de mano de otro dueño, a cantar melodías, a recibir tristezas y alegrías... ¿Qué más se puede pedir?
Se apaga la luz, se sacude el polvillo de las ropas y el cabello; un baño y... mañana será otro día.
- Mombo, un amigo infaltable, dominando su territorio
18 de junio de 2010
El canto de una vieja voz
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Hedgar con su vieja amiga
Hedgar Di Fulvio es un "prócer" del folklore argentino, uno de las décadas de oro (años sesenta-setenta). Entre sus más famosas obras se cuentan: Yo soy de aquel pago pobre, Zambita para mi ausencia, Gallo calavera, Araucano..., y un largo etc.
La vida quiso hacer que lo conozca por mi actividad como compositor, y, de hecho, junto con Carlos Bordón (el otro componente de 'Los Dedos Mochos'), componer con él. El trato entre paisanos: "Ustedes la música..., y yo la letra". Y así, a sus 76 años, la juventud inunda su cara; y el orgullo, mezclado con perplejidad, las nuestras.
En un tala que de viejo
poquito a poco se cae
pa' acompañar su dolor
se quedó una flor del aire.
Y así nació La flor del aire (letra de Di Fluvio, música de Rodolfo Moisés), la primera composición de 'Los Dedos Mochos' en colaboración con Di Fluvio.
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Esta fructífera labor empezó en junio del año pasado y continúa en estos días. En una de las tantas charlas me dice: "Sabés, che..., tengo varias guitarras rotas... ¿No conocés a un luthier?". Imagínense el resto...
"Pero no es una guitarra cualquiera —prosiguió—. Es con la que aprendí a tocar, y grabé con ella todos los primeros discos. Se la presté a Carlos (el famoso guitarrista y compositor Carlos Di Fulvio) en los sesenta, para que viajara al Sur y, cuando volvió, estaba rota. La guardé..., y ahí está, yo ya me había comprado otra...".
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Yo acepté inmediatamente, y en dos semanas terminé el trabajo. No quise "manosearla" demasiado. Había mucha historia allí... Sólo la traté con cariño; reparé sus lastimaduras y lustré suavemente las partes que lo necesitaban. Inmediatamente volvió a la vida. Es decir, a sonar profunda, clara y timbrada. Creo que en agradecimiento me dejó sacarle sonidos sentidos.
Al devolverla a su dueño, Hedgar, pulsó sólo la primera cuerda y susurró sonriendo: "Es una buena guitarra...".
[Grabaciones con derechos protegidos. Depósito en S.A.D.A.I.C. Nº 688384]
- Hedgar Di Fulvio:
Zambita para mi ausencia
Hedgar Di Fulvio es un "prócer" del folklore argentino, uno de las décadas de oro (años sesenta-setenta). Entre sus más famosas obras se cuentan: Yo soy de aquel pago pobre, Zambita para mi ausencia, Gallo calavera, Araucano..., y un largo etc.
- Hedgar Di Fulvio:
Araucano
La vida quiso hacer que lo conozca por mi actividad como compositor, y, de hecho, junto con Carlos Bordón (el otro componente de 'Los Dedos Mochos'), componer con él. El trato entre paisanos: "Ustedes la música..., y yo la letra". Y así, a sus 76 años, la juventud inunda su cara; y el orgullo, mezclado con perplejidad, las nuestras.
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'Los Dedos Mochos':
La flor del aire
poquito a poco se cae
pa' acompañar su dolor
se quedó una flor del aire.
Y así nació La flor del aire (letra de Di Fluvio, música de Rodolfo Moisés), la primera composición de 'Los Dedos Mochos' en colaboración con Di Fluvio.
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- El Luthier con la guitarra de Di Fulvio
Esta fructífera labor empezó en junio del año pasado y continúa en estos días. En una de las tantas charlas me dice: "Sabés, che..., tengo varias guitarras rotas... ¿No conocés a un luthier?". Imagínense el resto...
"Pero no es una guitarra cualquiera —prosiguió—. Es con la que aprendí a tocar, y grabé con ella todos los primeros discos. Se la presté a Carlos (el famoso guitarrista y compositor Carlos Di Fulvio) en los sesenta, para que viajara al Sur y, cuando volvió, estaba rota. La guardé..., y ahí está, yo ya me había comprado otra...".
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- Primer plano de la guitarra de Di Fluvio, restaurada
Yo acepté inmediatamente, y en dos semanas terminé el trabajo. No quise "manosearla" demasiado. Había mucha historia allí... Sólo la traté con cariño; reparé sus lastimaduras y lustré suavemente las partes que lo necesitaban. Inmediatamente volvió a la vida. Es decir, a sonar profunda, clara y timbrada. Creo que en agradecimiento me dejó sacarle sonidos sentidos.
Al devolverla a su dueño, Hedgar, pulsó sólo la primera cuerda y susurró sonriendo: "Es una buena guitarra...".
[Grabaciones con derechos protegidos. Depósito en S.A.D.A.I.C. Nº 688384]
17 de junio de 2010
'Zambita pa’l Chango guitarrero'
Luna cautiva, una historia de amor (con sus vaivenes, todo hay que decirlo). La historia de amor entre José Ignacio Rodríguez, Chango Rodríguez, y Lidia Haydeé Margarita Bay, 'La Gringa'. Así nació esta canción.
En vivo, septiembre de 2006, Teatro La Ranchería, Junín (Buenos Aires, Argentina).
Y otra historia de amor. El dúo 'Los Dedos Mochos' y su sentido homenaje al creador de Luna cautiva, Vidala de la copla, De Alberdi, De Simoca, Noche de carnavales, Zamba de abril... y tantas otras canciones:
¡Vamos, Chango! ¡Temple las cuerdas, Chango!
Que cuando asome el sol, al cantar del gallo,
Borracho e' mareas nos halle bien diablos.
...
De entre las estrellas que brillan,
Chango guitarrero, la que alumbra más.
Zambita pa'l Chango guitarrero (letra y música: Rodolfo Moisés)
Etiquetas:
Chango Rodríguez,
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Zambita pa’l Chango guitarrero
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